
Te extraño sin tenerte, te amo sin tocarte, te respiro en cada inhalación de este estéril aire... y a pesar de que me sumerjo en una dulce caída, sé que esta necesidad deshumaniza y nubla a tal punto la mente, que toda antigua pretensión a lo saludable se esfuma como si nada... Me carcomes como una envanecedora enfermedad. Me consumes con el miedo de tu ausencia ¿Por qué junto a este maldito sentimiento de amor va incrustado este afán de posesión? ¿Por qué deberías ser mío si eres tan libre como el viento?
En cada instante me saturo de ti y me asfixio de solo pensar que me olvidarás. Me pudre pensar que amarás a otra y tu boca no será mía, y tus manos no cercenarán mis huesos, y tu cuerpo no me hará aullar de dolor, ni sollozar de placer. Ya no me importa ser lo suficientemente egoísta y débil como para quererte. Te quiero. Quiero tu boca, quiero tus manos, quiero tu lengua, quiero tus respiros, quiero tus gemidos, quiero tu sudor, quiero tu rabia, tus vacíos... quiero que me recorras, que adulteres lo inmaculado, que ultrajes lo puro, que robes mi aliento... Quiero que necesites de mí, que me implores, que te desvivas, que no me dejes vivir, que me destroces el alma, que me hagas caer contigo. Puedes botarme, pisotearme, morderme, desgarrarme las entrañas. Puedes hacer lo que te venga en gana conmigo, pero lo único que te prohíbo es que no seas la peste que lacere mi piel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario