lunes, 28 de diciembre de 2009

Fly


En esta noche de insomnio inducido voy a escribir mi última depravación mental, debido a que el "mundo" infame me obligará en algunos días más a abandonar mi no-vida para ir a respirar aire de verano ¡puaj! Pero bueno, tendré que adaptarme como lo he hecho muchas otras veces. Y, sabes, no sé cómo será mi metamorfosis psíquica estando alejada de ti ¡desgraciado que me haces necesitarte!

Cosas que haré cuando nos dignemos a vernos los rostros O.O:
Cuando te tenga cerquita voy a colgarme de tu cabello y me perderé en él y claro, no te diré cursilerías pero te voy a empapar en besos y me perderé entre tu piel, y me pegaré a tu cuerpo como un chinche y no te dejaré respirar y... y ... te haré miles de cosas, no te dejaré tranquilo, seré tu mosca insoportable y te odiaré si no me quieres como yo te amo. (Bueno, éstas son sólo ideas locas de mi cabeza, porque todo comienzo es distante y un poco frío!)

¿Oye te has preguntado cómo será vernos realmente? Estoy segura que nos temblará el cuerpo y estaremos aniquilados por los nervios. Al menos yo estaré más que avergonzada y me costará hablarte al principio. Creo que podríamos empezar por saludarnos. Un hola cómo estás, y luego proceder de inmediato a fumarnos alguna droga alucinógena para afianzar lazos y disminuír la lejanía mental.
Ah, y sabes, quiero que nos veamos en invierno, porque en esas fechas ¡tengo toda la energía cerebral del mundo! Un día perfecto sería contigo, alcohol, sustancias voladoras (ugh...) y un majestuoso encerrón en un día de lluvia torrencial. Saldríamos a mojarnos mientras bebemos cebada etílica *-* y luego llegaríamos a nuestra guarida para secarnos, comer algo rico, escuchar música enferma y yo te adoraría hasta desmayarme *.* y pasarían insospechadas y misteriosas cosas (trece trece). Y yo besaría tu boquita y me metería entre tu polera y quedaría pegadita a tu cuerpo y te llenaría de cariño y... y tan webiada de los catres que salí u.u estoy puro alucinando tonteras! Pero no importa, lo que sí importa es que tienes que ir a verme a Valdivia porque odio Santiago, es terrible! Y te quedas unos días conmigo para quererte como yo lo imagino u.u ¡Y quién sabe, quizá hasta te enamores de Valdivia y te quieras quedar para siempre! Y yo sería el excremento de perro que estaría bajo tus zapatos, pues te seguiría a todos lados y estaríamos juntitos por mucho tiempo hasta que nos aburramos mutuamente y tiremos nuestros recuerdos al basurero. Pero hasta entonces quiero que nos amemos con locura y que tú no concilies el sueño si no es a mi lado, ni yo pueda cerrar mis ojos si no es dentro de ti. Te amo, te extraño, te deseo de todas las formas existentes y quizá tú creas que alucino demasiado y tengo un severo retraso mental, pero no me importa mientras prometas ir a verme en invierno y quedarte conmigo para que despertemos juntitos y abrazaditos en la mañana y así yo pueda cumplir mi sueño psicópata de ultrajarte cruelmente ñam *-*

Te adoro Caracolo de mi alma, y ya no sigo diciendo leseras porque quizá caiga en lo patético y redundante u.u

domingo, 27 de diciembre de 2009

Ya no existes


Tu mano avanzaba lentamente por mis piernas, yo sólo te miraba y dejaba que hicieras lo que quisieras. Ya no me importaba.
Tu respiración se aceleraba, sabía que sólo deseabas abalanzarte sobre mí y penetrarme hasta hacerme gritar de dolor, pero por cosas de formalismos y sutilezas que no se dicen, te contenías. Toqué tu entrepierna, estabas inevitablemente jodido. Abrí tu cierre y metí mi mano entre tu pantalón. Acerqué mi boca a tus labios y te besé sutilmente. Con una risa socarrona metiste tu lengua en mi boca, la introducías y la quitabas una y otra vez. Mi cabeza se llenó de pensamientos sucios, ya sólo deseaba que me destrozaras. Separé mis piernas para que me tocaras, quería sentir tus manos desparramándose por mi piel. Me miraste nuevamente con una risita burlona , me dejasta abajo de ti y deslizaste tus dedos hasta el punto preciso. Tu cabello caía sobre mi rostro extasiado. Por suerte nos entendemos bien en estas cosas, aunque en lo demás seamos unos desconocidos completamente apáticos.

"Déjalo ya...", te dije. Observé cómo tus ojos se ponían iracundos. Me abofeteaste, y gemí de placer. Me tiraste al suelo y te apretaste contra mí con rabia. "Para..." Me rompiste los labios con un beso enfermizo. "¡Para!". Me desnudaste y me arañaste la piel, me hiciste sangrar. Lamiste mi sangre y luego me besaste para que sintiera mi miseria en tu lengua. Yo era sólo un cuerpo inerte y desnudo, tirado en el suelo, y tú estabas sobre mí, escondido tras tus ropas y tu odio. Abriste mis piernas,acercaste tu boca y me escupiste. "Vete, maldito enfermo". De despedida mordiste mi boca y saliste por la puerta trasera. Nunca más nos volvimos a ver. Por suerte hiciste uso del clonazepam que tenías guardado desde hace un tiempo en tu cofre de los recuerdos. Quemé tus cartas y no derramé ni una sola lágrima. Cuando te amé de verdad, escupiste mi rostro, y cuando fui la puta indiferente que me hiciste ser, te arrodillaste implorándome amor. No sirvo para estas cosas, y lo sabías. Siempre tuve el estigma de la contrariedad. Si me despreciabas, yo te amaba con locura; si me deseabas, te impedía adulterar mi cuerpo; si me amabas como un perro, te humillaba por rebajarte a quererme. Ahora que no estás es todo más fácil ¿Lo sabías?

Derrámame


Te extraño sin tenerte, te amo sin tocarte, te respiro en cada inhalación de este estéril aire... y a pesar de que me sumerjo en una dulce caída, sé que esta necesidad deshumaniza y nubla a tal punto la mente, que toda antigua pretensión a lo saludable se esfuma como si nada... Me carcomes como una envanecedora enfermedad. Me consumes con el miedo de tu ausencia ¿Por qué junto a este maldito sentimiento de amor va incrustado este afán de posesión? ¿Por qué deberías ser mío si eres tan libre como el viento?

En cada instante me saturo de ti y me asfixio de solo pensar que me olvidarás. Me pudre pensar que amarás a otra y tu boca no será mía, y tus manos no cercenarán mis huesos, y tu cuerpo no me hará aullar de dolor, ni sollozar de placer. Ya no me importa ser lo suficientemente egoísta y débil como para quererte. Te quiero. Quiero tu boca, quiero tus manos, quiero tu lengua, quiero tus respiros, quiero tus gemidos, quiero tu sudor, quiero tu rabia, tus vacíos... quiero que me recorras, que adulteres lo inmaculado, que ultrajes lo puro, que robes mi aliento... Quiero que necesites de mí, que me implores, que te desvivas, que no me dejes vivir, que me destroces el alma, que me hagas caer contigo. Puedes botarme, pisotearme, morderme, desgarrarme las entrañas. Puedes hacer lo que te venga en gana conmigo, pero lo único que te prohíbo es que no seas la peste que lacere mi piel.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Esto no está pasando ¿De verdad ocurre?. El cuerpo agarrotado, los dedos tiesos y las entrañas desgarradas de dolorosa peste. ¿Podrías asegurarme que esto no está ocurriendo? ¿Y dónde... dónde... no, no puedo ni siquiera pronunciar esas palabras, ni siquiera sé si quiero preguntarme mentalmente si esto es cierto. ¿Sueño una pesadilla? ¿Dónde está tu mano? No... no la encuentro ¿Alguna vez estuvo ahí? No sé, no sé... Siento mis párpados humedecerse, no sé si estoy en medio de una tempestad o si simplemente he explotado en llanto ¿Dónde está tu mano para limpiar mis lágrimas? Estás lejos... o nunca estuviste realmente. La certidumbre me es infiel a cualquier cuestionamiento racional. No, no, no hablamos de racionalidad, hablamos sólo de... de esta sensación, esta enfermedad que se encarna entre nuestras carnes hasta saturarnos de un efímero y hasta casi imaginario placer, esa basofia que luego muta hasta ser un perro rabioso que cercena poco a poco cada músculo en el que se había incrustado... ¿Amor?
¿Por qué creí que poseía algo? ¿De dónde saqué semejante insensatez? La única sinceridad que tengo es mi propia estulticia, en nada más confío que en equivocarme una y otra vez, creer hasta enfermar que todo puede ser una excepción, que esta vez será distinto, que los límites pueden ser trascendidos... y que tú estás aquí...

martes, 1 de diciembre de 2009

Espera...




De pronto despertó sobresaltada, intentando inhalar algo de aire. Cayó estremecida al suelo. "¿Realidad o sueño?", se autointerrogó mentalmente. No sabía. Hace un tiempo ya no distingue entre crudeza y ensueño. Confunde, se ensimisma, y no sabe por qué, ni cómo. "¿Estoy loca?", se pregunta.

Y pensar que antaño era un bichito homogéneo entre la sociedad. Pensaba, sentía, creía lo mismo que las masas que la rodeaban. Ahora, gracias a su hermetismo y su autoinducida soledad, cercenó todos sus sueños miles de millones de veces repetidos en las vidas de otros, y claro, se inmiscuyó en otra calamidad de anhelos y sentires repetidos humanamente, pero al menos ya no sueña, no espera nada. Soledad a veces fatal, por momentos la enferma, por momentos le carcome la boca con un sabor agridulce. Camina entre la lluvia, sola. Fuma su dosis diaria de tabaco amargo, sola. Duerme y despierta, sola.

Al principio el vacío era tortuoso. Pasa los días dopada, con una sensación de fatiga y ansiedad a la vez. Insomnio nefasto. Los días pasan tan lentamente que siente que retrocede. El tic tac del reloj la enferma, esperando a que algo cambie... ¿pero ha de cambiar algo si se queda sintiendo su pesar y de brazos cruzados? Las raras coincidencias del azar rara vez se filtran en nuestras vidas para causar cataclismos radicales. Esperar, soñar, autoaniquilarse de pesar y quedarse mirando el techo es como comenzar a morir progresivamente. Y nadie hará nada. Sólo vasta una cosa... una puta cosa... sólo debe extender su mano y escoger de una vez, o la dosis de mercurio que hay en el velador, o la perilla de la puerta para salir al mundo a respirar y a existir. ¿Es vida aquella que se prolonga sólo para ver pasar los días monótonos intercalándose uno tras otro? Sinceramente, en la vida humana, eso no es existencia.