Esto no está pasando ¿De verdad ocurre?. El cuerpo agarrotado, los dedos tiesos y las entrañas desgarradas de dolorosa peste. ¿Podrías asegurarme que esto no está ocurriendo? ¿Y dónde... dónde... no, no puedo ni siquiera pronunciar esas palabras, ni siquiera sé si quiero preguntarme mentalmente si esto es cierto. ¿Sueño una pesadilla? ¿Dónde está tu mano? No... no la encuentro ¿Alguna vez estuvo ahí? No sé, no sé... Siento mis párpados humedecerse, no sé si estoy en medio de una tempestad o si simplemente he explotado en llanto ¿Dónde está tu mano para limpiar mis lágrimas? Estás lejos... o nunca estuviste realmente. La certidumbre me es infiel a cualquier cuestionamiento racional. No, no, no hablamos de racionalidad, hablamos sólo de... de esta sensación, esta enfermedad que se encarna entre nuestras carnes hasta saturarnos de un efímero y hasta casi imaginario placer, esa basofia que luego muta hasta ser un perro rabioso que cercena poco a poco cada músculo en el que se había incrustado... ¿Amor?
¿Por qué creí que poseía algo? ¿De dónde saqué semejante insensatez? La única sinceridad que tengo es mi propia estulticia, en nada más confío que en equivocarme una y otra vez, creer hasta enfermar que todo puede ser una excepción, que esta vez será distinto, que los límites pueden ser trascendidos... y que tú estás aquí...
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